Serpiente de la Reencarnación [Spanish] 1 Capítulo 1

Lo siguiente que supo fue que se encontraba de pie en un lugar completamente oscuro, hasta el punto en que no podía ver ni sus propias manos. Por un momento, creyó que le habían vendado los ojos, pero un rápido chequeo le permitió comprender que ese no era el caso. Sus otros sentidos tampoco fueron de mucha ayuda, pues ese lugar parecía privado de sonido u olor alguno, más allá de los que él mismo era capaz de generar. Lo único que realmente podía sentir era el suelo sobre el que se encontraba parado, una superficie lisa, seca y sedosa que, extrañamente, asemejaba la sensación del cuero, como si se encontrase de pie sobre un inmenso sofá.

Todo eso le permitió saber que se encontraba en una situación de lo más inusual. Bueno, eso y, claro está, el hecho de que lo último que había sabido era que se encontraba tirado en el suelo de su oficina con sus órganos vitales heridos más allá de toda salvación por la bala que le había atravesado el torso. Sin embargo, ahora no solo seguía respirando sin problema sino que tampoco sentía dolor alguno. De hecho, el orificio dejado por esa bala parecía hacerse esfumado de su cuerpo. Ese descubrimiento también le llevó, curiosamente, a notar que se encontraba desnudo, detalle que había escapado de su atención hasta entonces.

Un rápido análisis de su situación ofrecía tres posibles explicaciones:

Primera explicación: James Dalton había experimentado un repentino ataque de piedad y había decidido salvar su vida, aunque aún así lo había encerrado en aquel misterioso lugar. Cosa improbable, pues Walker comprendía lo suficiente del joven como para saber que el odio que lo consumía no podría apaciguarse de forma tan rápida, mucho menos si eso involucraba permitir que su más odiado enemigo siguiese respirando. Incluso si tal cosa fuese posible, no había forma de que alguien como Dalton hubiese conseguido llevarlo a un hospital antes de que él muriese, mucho menos hacerlo de forma tan rápida y eficaz como para que él se encontrase ahora completamente saludable y sin necesidad de pasar meses postrado en una cama con su cuerpo conectado a diez maquinas médicas distintas.

Segunda explicación: Uno de sus subordinados había conseguido sobrevivir al ataque de Dalton a su base de operaciones y, tras disponer del joven, había usado los recursos de lo que quedaba de su imperio para conseguirle la mejor atención médica posible. Eso explicaría su supervivencia y quizás el hecho de que se encontrase en tan buen estado, pero ciertamente no explicaba su presencia en ese extraño lugar.

Tercera explicación: Él estaba muerto.

Walker no necesitó reflexionar mucho sobre esa explicación para comprender que la última opción era la correcta.

A lo largo de las décadas en las que había expandido su poder e influencia, él se había visto forzado a desarrollar una mente rápida y sagaz y unos sentidos muy agudos. Uno no podía sobrevivir en el sangriento mundo en el que él se había visto inmerso por tanto tiempo sin tales habilidades y Walker podía enorgullecerse de decir que su astucia e intuición eran consideradas prácticamente un talento sobrenatural. Fue gracias a ello que él pudo comprender tras unos pocos segundos que había algo extraño con ese lugar, no en el sentido usual de la palabra sino que uno más místico y perturbador. Era difícil explicarlo, en parte porque parecía ser un sentimiento que escapaba a toda lógica humana, algo más instintivo que racional. Algo en el interior de Walker, quizás aquella parte que se encargaba de hacerle saber que vivía en un mundo mundano y racional y proteger su cordura de cualquier intento por corromper esa idea, le decía que se encontraba ante algo que iba más allá de lo que su mente podía llegar siquiera a comprender, algo que lo superaba en niveles que él ni siquiera sospechaba.

No podía haber un lugar en el mundo en el que había vivido hasta entonces que pudiese hacerle sentir así. Todo, desde su estado hasta lo poco que podía captar de ese espacio, parecía desafiar su concepción de la realidad y transmitirle una sensación de misticismo infinito y absoluto. Aún así, esa sensación no le generaba pavor o desagrado, así como tampoco calma o regocijo. Pese a ser un hombre que solía controlar sus emociones de forma minuciosa y poseía una mente analítica, Walker era incapaz de comprender cómo se sentía al estar enfrentado a algo como eso.

Basado en esa extraña sensación y en el hecho de que su último recuerdo era el de lo que indudablemente había sido su muerte, la explicación más razonable que podía encontrar era también la más bizarra: eso era el Más Allá.

Claro está, esa conclusión no hacía más que generar más preguntas. ¿Dónde se encontraba realmente? ¿El Purgatorio? ¿El Infierno? ¿El Inframundo? ¿Valhalla? ¿La nada misma? Él ni siquiera había creído en ninguna religión o deidad hasta entonces ni poseía suficientes conocimientos sobre las mismas como para poder descubrir si alguna de ellas había estado en lo correcto, si se encontraba frente algo distinto o si no se encontraba ante nada en lo absoluto. Sin saber eso tampoco podía responder otras interrogantes, como el propósito de su presencia allí o lo que le esperaba de ahora en adelante. ¿Aparecería alguna deidad a pasar juicio sobre su alma y enviarlo al lugar donde permanecería por la eternidad? ¿O acaso ese era su destino final y estaría condenado a permanecer en ese espacio vacío e infinito para siempre?

Walker no era un hipócrita ni un lunático, él sabía que su vida había sido una que cualquier religión juzgaría como perversa y pecaminosa, el tipo de vida que lo condenaría al mismo lugar donde las almas de todos los otros hombres que habían valorado más su ambición y sus anhelos que la vida de los demás acabarían; y si se le permitía ser honesto, él prefería eso a simplemente quedar atrapado en ese lugar, solo y confuso por toda la eternidad.

- ¿Temes más a la nada que al castigo eterno? Curioso sin lugar a dudas, aunque a su vez apropiado, considerando el mundo del que provienes.

El sonido de una voz pronunciando esas palabras inmediatamente puso en alerta a Walker, no solo porque no se había esperado oír una voz en ese espacio aparentemente vacío sino que por su naturaleza. Al igual que el resto de ese lugar, era difícil describirla con precisión, en especial por lo curiosamente contradictorio de sus cualidades.

Era la voz de un joven lleno de energía y al mismo tiempo la de un anciano rebosante de sabiduría.

Era la dulce voz de una mujer y al mismo tiempo la tersa voz de un hombre.

Era la voz de un bondadoso santo y al mismo tiempo la de un vil monstruo.

Era la voz de un viejo amigo y al mismo tiempo la de un perfecto desconocido.

Era la voz de un mortal y al mismo tiempo la de una deidad.

Conceptos opuestos e incompatibles como esos se manifestaban en aquella voz, existiendo todos simultáneamente en una cohesión que Walker no había creído posible hasta entonces. No era que todas esas cualidades se manifestasen en voces distintas que hablaban en una suerte de coro espectral, sino que lo hacían en una única y singular voz, desafiando toda lógica. Incluso el origen de esa voz resultaba contradictorio, pues Walker sentía como si proveyese el rincón opuesto del Universo y al mismo tiempo esta sonaba tan cercana que su propietario bien podría estar susurrándole esas palabras al oído.

Un escalofrío recorrió toda su espalda y su piel se erizó como nunca antes lo había hecho, mas él no supo decir si lo que había causado esa emoción era miedo o algo muy distinto. Todo lo que involucraba a ese lugar y a esa voz no eran más que una contradicción tras otra.

- ¿Quién habla? -se forzó a decir tras unos segundos, mirando a su alrededor en busca de su interlocutor. Esa era la primera vez que oía su voz desde que había aparecido allí y esta sonaba igual que siempre, aunque teñida de una aprensión que ni él podía disimular-. Muéstrate.

- ¿Mostrarme? He estado frente a ti desde un principio -respondió la voz.

En ese momento, su vista se aclaró, como si sus ojos realmente hubiesen estado cubiertos por un velo hasta entonces. La infinita oscuridad de aquel lugar no se volvió menos oscura, pero él sintió que su visión se había acostumbrado a ella repentinamente.

Fue entonces cuando la vio.

Se trataba de una serpiente, una cobra para ser más precisos, más una incomparable a cualquiera que él conociese, más allá de las que pertenecían al mundo de la mitología.

Para empezar, su tamaño no era simplemente colosal, sino que superaba toda lógica. Hasta ese momento no lo había comprendido, pero la superficie sobre la que Walker se alzaba no era otra cosa que una escama de esa criatura, aunque una cuyo tamaño se extendía más allá de donde su vista alcanzaba, hasta el punto en que él sospechó que una ciudad entera podría ser construida sobre ella. Un rápido vistazo al horizonte, donde podía ver el cuerpo de aquella serpiente alargarse y retorcerse de forma aparentemente interminable, le hizo saber a Walker que aquella escama no era más que una entre miles de millones, sino más. El primer vistazo a la cabeza de esa serpiente le dio la impresión de que se encontraba no muy lejos, pero él pronto comprendió que eso no era más que un engaño visual y que si la cabeza de ese ser lucía cercana pese a que su cuerpo parecía extenderse hasta una distancia mayor que la cualquier sistema métrico mortal podía calcular, eso se debía a que dicha cabeza poseía tales dimensiones que podía ser vista de todos modos.

Dejando de lado su tamaño, su aspecto no difería del de una cobra común y corriente, aunque era probable que no se ajustase al de ninguna sub-especie en concreto. Toda su piel lucía un color oliva oscuro, sin distinción entre su vientre y su parte trasera o marca característica, y parecía relucir pese a la clara ausencia de fuentes de iluminación. Su cuerpo presentaba un aspecto cilíndrico y grueso hasta llegar a su cabeza, donde se abría la "capucha" típica de las cobras, haciéndola lucir como si de un faraón del Antiguo Egipto se tratase. Era precisamente en su cabeza donde se encontraba la característica que la separaba completamente del nivel de un mero animal: sus ojos, unos ojos que transmitían el mismo tipo de cualidades opuestas que su voz y parecían ser capaces de alcanzar incluso los lugares más recónditos del alma de Walker.

Enfrentado a la majestuosidad y poder que proyectaba la mera apariencia de ese ser, incluso un hombre poco creyente como él no pudo hacer más que sentirse sobrecogido. Solo hizo falta un vistazo a esa existencia tan absoluta para que comprendiese que se encontraba frente a algo que lo superaba en sentidos que él ni siquiera podía llegar a comprender. Ni toda su astucia ni toda su determinación ni todas las herramientas y recursos de los que él había dispuesto a lo largo de su vida serían suficientes como para que pudiese siquiera intentar sobreponerse a ese ser. Por primera vez en su vida (por decirlo de algún modo), Walker sentía que se encontraba frente a alguien al que, de convertirse en su enemigo, él sería completamente incapaz de superar.

Impactado como se encontraba, le tomó unos momentos reorganizar sus pensamientos y controlar sus emociones lo suficiente como para poder entablar una conversación de forma normal, cosa que logró parcialmente. Mantener la mente en calma y sus instintos afilados le había permitido salir victorioso de incontables encuentros a lo largo de su vida y algo le decía que ese era un encuentro del que no le convenía salir mal parado.

-Bueno, esto ciertamente excede mis expectativas -dijo él, intentando mostrarse calmado y casual pese a que cada detalle de ese lugar y su ocupante parecía intentar destrozar su cordura-. Tendrá que disculpar si no muestro la reverencia debida, nunca fui un hombre muy dado a la religión. Honestamente, ni siquiera sé de qué forma debería dirigirme a usted.

-A diferencia de otros dioses, no veo valor alguno en que me rindan culto o reverencia -respondió aquel ser, transmitiendo esas palabras pese a que su boca no parecía moverse en lo más mínimo-. Tampoco poseo un nombre real, aunque muchas civilizaciones me han dotado de incontables seudónimos y títulos. Después de todo, está en la naturaleza de las razas mortales el buscar otorgar una identidad a todo los que los rodea, como si ese hecho consiguiese imponer orden sobre el caos de su existencia finita-. Nuevamente, era imposible detectar una emoción o intención claras en el tono del ser. En un principio, Walker creyó que este hablaba con arrogancia y desprecio, pero pronto detectó también afecto y admiración. Intentar leer a una existencia tan ilógica como esa claramente era una pérdida de tiempo-. Sin embargo, con el fin de facilitar esta conversación, supongo que debo ofrecer un nombre con el que puedas identificarme. Siendo ese caso, puedes llamarme "Ur", un nombre sencillo y fácil de recordar.

Si había un significado mayor en ese nombre, Walker lo ignoraba. A sus ojos, parecía como si el ser hubiese elegido ese nombre al azar, deseando simplemente facilitar esa conversación.

-En ese caso, "Ur", debo decir que me encuentro algo perdido en lo que a toda esta situación se refiere -dijo Walker, acompañando sus palabras con un gesto que abarcaba no solo a él sino que a esa oscuridad infinita que lo rodeaba-. Estoy muerto, eso lo tengo más que claro, pero, como es lógico, no tengo idea de qué es lo que ocurre ahora o qué hago aquí frente a usted ¿Es este mi destino final o acaso eso está aún por decidirse?

- ¿Y qué harás tras obtener esa respuesta?-preguntó Ur-. Si te digo que estoy aquí para juzgar tus acciones en vida y decidir lo que será de tu alma, ¿aprovecharás esta última oportunidad para arrepentirte de tus pecados? ¿Reevaluarás tu vida y las elecciones que te llevaron a encontrar aquí en este momento? Esta bien podría ser tu última oportunidad de redimir tu alma y salvarte del castigo eterno.

Ur planteaba toda la situación como algo hipotético, sin ofrecer una respuesta concreta a las interrogantes de Walker, pero aún así él comprendía que aquel pregunta era completamente seria. El destino de su alma bien podía depender de su respuesta.

Aún así, no necesitó detenerse a pensar en cuál era su respuesta. Después de todo, él la había sabido desde hace mucho tiempo atrás, en aquella época en la que él no era más que un hombre común y corriente, un rostro más en la multitud. El mundo era un lugar caótico y lleno de incertidumbres, incluso para alguien como él, pero eso era la cosa que jamás pondría en duda ni reconsideraría, incuso si el destino de su propia alma estaba en juego.

-No -respondió con una contundencia y seguridad absolutas-. Incluso si debo enfrentar el castigo eterno, no tengo intención de mostrar arrepentimiento por el camino que elegí recorrer ni de todo lo que hice en pos de mi ambición.

Esa era probablemente la respuesta más directa y honesta que alguien como él podía ofrecer.

Esa era la verdad que definía todo su ser, la única cosa a la que jamás podría renunciar.

Su ambición sin límites, ese interminable deseo de llegar a mayores y mayores alturas, era una característica intrínseca en su misma naturaleza, algo arraigado tan profundo en su ser que no se le ocurría que existiese forma de renegar de ella y dejarla a un lado sin destruirse a sí mismo en el proceso.

Todo lo que había hecho, todos los actos abominables y terribles que había cometido, habían sido por ese egoísta pero grandioso propósito, motivado por la poderosa determinación de seguir avanzando sin importar qué. Mostrar genuino arrepentimiento supondría negarse a sí mismo y convertirse una existencia igual a todas las demás, contenta con su mediocridad y temerosa de siquiera pensar en distinguirse de otros; y para él, no había destino más terrible que ese, incluso el Vacío o el tormento eterno eran preferibles a reducirse a una existencia tan patética y despreciable.

No, él jamás abandonaría ni negaría su ambición, no podía hacerlo. Walker tenía la certeza de que sin importar qué ocurriese, esa parte de él no podría ser reprimida, no por mucho. Incluso si perdía todas sus memorias, tenía la certeza de que su ambición permanecería, resguardada en los rincones más profundos de su subconsciente y guiando sus acciones, fuese consciente él de ello o no, como si del instinto de una bestia se tratase.

De haber creído que era posible engañar a Ur, quizás hubiese fingido arrepentimiento e implorado que se perdonen sus pecados, mas tenía claro que se enfrentaba a un ser capaz de ver a través de todas sus mentiras y falsedades. Era por ese motivo que no había dudado en responderle con total honestidad. Eso era todo lo que podía hacer. Por primera vez en mucho tiempo, él no poseía control alguno sobre la situación; el destino de su alma recaía enteramente en la decisión que aquel ser tomase.

Durante lo que a Walker se le antojo una eternidad, Ur permaneció en silencio, simplemente observándolo con una mirada que nuevamente transmitía una decena de emociones contradictorias. Aún así, en su mente, él supuso que la masiva serpiente lo miraba con curiosidad, o al menos eso quería creer, pues las otras opciones no resultaban muy prometedoras. No fue capaz de siquiera asumir qué pensamientos recorrían la mente del ser frente a él, pero por suerte no necesitó hacerlo, pues este finalmente rompió el silencio.

-Elijes aferrarte a la voluntad que ha guiado tu vida hasta ahora por encima de tu posible salvación -dijo Ur entonces y, una vez más, él no supo determinar qué sentido tenían esas palabras. Para alguien como Walker, tan acostumbrado a ser capaz de "leer" a otros y analizarlos con gran facilidad, esa sensación de falta de control no era agradable, incluso si comprendía perfectamente que lidiaba con algo superior a cualquier otra cosa que hubiese visto hasta entonces-. Si esa es tu respuesta, que así sea. Sea como sea, no está en mis responsabilidades ni en mi interés pasar juicio sobre el alma de los mortales.

- ¿No estoy aquí para ser juzgado? -inquirió Walker, extrañado- ¿Cuál es el motivo de mi presencia aquí entonces?

-Tu presencia aquí es una irregularidad -comenzó a explicar Ur-. En primer lugar, la mayoría de las almas de los fallecidos no enfrentan juicio alguno ni reciben una audiencia, pues no hay vida después de la muerte que les depare. En cuanto uno muere, su alma pierde su individualidad y vuelve a formar parte de la energía vital que recorre toda la existencia. Sin embargo, eso solo aplica a las almas de aquellos que pertenecen a este plano, o al menos mi poder está en gran parte limitado a sus confines.

Ese comentario no hizo más que confundirlo aún más.

- ¿"Aquellos que pertenecen a este plano"? Por la forma en la que lo dice, suena como si yo no me contase entre ellos.

-Supongo que eso es lo primero que debería haber explicado, mi poca interacción con los mortales dificulta en ocasiones la comunicación con ellos -dijo Ur. Encontrar finalmente un defecto en aquel ser le trajo una extraña calma a Walker, pese a que sabía que no cambiaba nada. Su mente, acostumbrada a encontrar las falencias y debilidades de otros, quizás se alegraba de saber que no lidiaba con un ser completamente perfecto e incomprensible. Era un alivio ridículo y casi desesperado, pero uno más que bienvenido, aunque uno que no duro por mucho tiempo-. Tal y como asumes, no te encuentras en el mismo plano de la realidad en el que viviste. Por medio de intervención divina, tu alma fue invocada aquí.

La poca comprensión sobre su situación que había conseguido obtener hasta ese momento colapsó inmediatamente ante semejante revelación. Durante toda esa conversación, Walker había asumido que se encontraba en el Más Allá, cara a cara con la deidad que reinaba sobre los muertos. Incluso ese supuesto era tan bizarro y sobrenatural que él apenas conseguía encontrarle cierta lógica, pero al menos podía comprenderlo y asumir que no era más que algo normal que todos aquellos que morían experimentaban. Sin embargo, Ur acababa de destrozar esa suposición. Su presencia allí no era ni natural ni normal, sino que un suceso extraordinario incluso desde el punto de vista de aquel increíble ser. Aún más importante, era un suceso causado por la voluntad de un ser superior.

Rápidamente, su mente se esforzó por procesar toda esa nueva información y comprender a qué se enfrentaba. Alguien había intervenido en el momento en el que él había muerto y traído su alma a una especie de universo paralelo, mas él no sabía comprender qué propósito servía tal cosa ni quién era su benefactor, pues Ur no parecía ser alguien que tendría interés en hacer algo como eso. Podía hacer muchas suposiciones, pero de poco serviría cuando podía obtener las respuestas que necesitaba directamente.

- ¿Quién me invocó? ¿Y con qué propósito?

-Las almas de los habitantes de tu plano existen fuera del sistema de vida y muerte sobre el que reino y, como tales, se puede mantener su individualidad y regresarlas al mundo de los vivos sin perturbar ese sistema -respondió Ur-. Es por ese motivo que los otros dioses suelen solicitarme que preserve a ciertas almas y las traiga aquí, de forma que ellos puedan tener una audiencia con sus dueños y convertirlos en sus nuevos campeones antes de enviarlos al mundo de los vivos. Esos campeones suelen contar con una "bendición" del dios que los eligió, un talento innato que, junto a sus recuerdos del otro mundo, suele llevarlos a la grandeza.

-Entiendo.

Toda aquella explicación sonaba tan fantasiosa que, pese a todo lo que había visto, Walker tenía dificultad para aceptarla completamente. Sabía que Ur no mentía y lo sobrenatural de ese lugar y de la masiva serpiente no lo volvía tan descabellado, pero aún así sonaba como algo salido de alguna novela fantasiosa de bajo nivel. Pese a eso, hizo un esfuerzo por aceptar todo lo que oía, pues ignorar esa valiosa información bien podría ser el último error que alguna vez cometiese.

Basado en las palabras de Ur, Walker comprendía ahora que no se encontraba siquiera en el Mas Allá de su propio mundo, sino que en el de una especie de dimensión paralela. Los dioses de esa dimensión solían traer el alma de los fallecidos en su dimensión natal a esa dimensión con el propósito de convertirlos en sus agentes, para lo cual les otorgaban una suerte de poder misterioso. Lo primero que uno pensaría era que él era un alma más invocada a petición de un dios, mas Walker no tardó en deducir que ese no era el caso. Después de todo, Ur se había referido a él como una "irregularidad" y había admitido su falta de trato con seres vivos, lo cual indicaba que las otras almas invocadas no habían conversado con él como Walker lo hacía en esos momentos. Su caso era excepcional, aunque no había certeza de si eso era algo bueno o malo.

-Estás en lo correcto, tu presencia aquí es una irregularidad por motivos ajenos al hecho de que no seas nativo de este mundo -dijo entonces Ur, haciendo gala una vez más de su capacidad para leer la mente de Walker-. Un alma invocada de forma normal no interactuaría conmigo, sino que aparecería directamente frente al dios que la eligió y tendría su audiencia, para luego ser enviada al mundo de los vivos. Tu presencia aquí se debe a un solo motivo: no fuiste invocado por ningún dios.

El espectral ceño de Walker se frunció al oír eso, a la par que su confusión aumentaba aún más.

- ¿Qué hago aquí entonces? ¿Acaso fui invocado por error?

-En efecto, tu invocación no fue intencional, sino que el resultado de mi influencia disminuida en tu mundo -confirmó la serpiente, notoriamente indiferente pese a estar lidiando con una irregularidad, algo seguramente inusual para un dios-. Dado que no controlo el ciclo de vida y muerte allí, todo lo que soy capaz de hacer es identificar las almas elegidas por los otros dioses y traerlas aquí, pero el proceso es rudimentario y forzoso, lo cual causa que, en ocasiones, otras almas sean arrastradas aquí junto a la elegida si su localización y tiempo de muerte son cercanas. Eso fue lo que ocurrió con tu alma.

Esa era la respuesta que él había estado esperando. Gracias a ella, ahora estaba claro que su presencia allí no era otra cosa que una mera casualidad, un fallo en un sistema que uno esperaría que fuese infalible. Él no era más que el acompañante indeseado de otra alma elegida por los dioses de ese mundo.

Tomando en cuenta todas las personas que habían muerto durante el ataque de James Dalton a su base de operaciones, a Walker no le faltaban candidatos para determinar qué alma había sido invocada allí junto a la suya. De todas ellas, el candidato más probable era Richard, su mano derecha, quien no solo había sido un combatiente brutal, eficiente e implacable en vida (cualidades más que valiosas para un campeón) sino que también había muerto justo delante de Walker, escasos minutos antes de que él también pereciese. Toda la evidencia implicaba a que su sádico ejecutor era el dueño del alma que en esos mismos momentos seguramente se encontraba en audiencia con el dios que se había interesado en ella.

Todo lo que quedaba por descubrir ahora era si el error que lo había traído allí era un enorme golpe de suerte o la peor desgracia posible.

-Entonces soy una irregularidad, pero no la primera que te encuentras -dijo él, sin esperar a que Ur confirmase esas palabras. Hablar con un ser capaz de leer sus pensamientos se le antojaba innecesario ahora que se detenía a considerarlo, pero al mismo tiempo prefería seguir hablando, ya fuese por comodidad, por hábito o por tranquilidad-. Si ese es el caso, ¿qué es lo que suele ocurrir a esas irregularidades?

-Temes que este lugar se convierta en tu prisión eterna, pero tales temores son infundados -le aseguró la serpiente, expresando aquella preocupación que se había presentado en cuanto Walker había llegado allí y que, tras las recientes revelaciones, volvía a aparecer-. Es cierto que no puedo regresar tu alma a tu mundo para que experimente el destino que le deparaba originalmente, pero tampoco puedo mantenerte aquí, pues no está en la naturaleza del alma existir en libertad por un período prolongado ni está en la naturaleza de este lugar el servir de residencia a los fallecidos por más tiempo del necesario.

- ¿Cuál será mi destino entonces?

-Tu destino será el mismo que el de cualquier otra alma invocada aquí: serás regresado con los mortales, no en tu forma actual sino que renaciendo como un habitante de este mundo, mas no recibirás bendición de dios alguno, aunque tus recuerdos y personalidad se mantendrán intactos.

Un torrente de emociones invadieron a Walker al oír esas palabras: alivio por saber que el peor caso no ocurriría, sorpresa al oír que su tiempo entre los vivos no se había terminado, expectativa por lo que le esperaba, y muchas otras más. De entre todas ellas, la mayor fue un profundo regocijo.

Durante los últimos años de su vida en el mundo anterior, él se había visto forzado a enfrentar la realidad de que no le quedaba más que una década o dos de vida. En aquel entonces, no había podido hacer más que aceptar esa realidad inevitable y lamentar haber desperdiciado tantos años de su juventud, años que podría haber aprovechado para construir su imperio más pronto. Al final, esa misma vejez le había costado su duelo final con Dalton y, por consiguiente, su propia vida.

Ahora, sin embargo, la mera casualidad le ofrecía una oportunidad invaluable. Él nacería otra vez, joven y vigoroso, mas manteniendo todas las experiencias que había acumulado en su anterior vida. Lejos de no desperdiciar su juventud, ahora tendría una oportunidad de perseguir su ambición desde el momento en que abriese los ojos por primera vez, esta vez pudiendo evitar los errores que había cometido anteriormente.

Todo lo que había perdido, todo lo que le había sido arrebatado, él volvería a construirlo. Aquel imperio que él había controlado desde su trono en lo más alto volvería a alzarse, quizás con una nueva forma pero con él al mando. El sueño que se negaba a abandonar sin importar qué, incluso frente a la posibilidad de condenar su alma, estaría a su alcance una vez más y ahora podría perseguirlo por cuanto tiempo le fuese posible vivir en ese mundo.

Walker no necesitaba ningún don divino ni el favor de dios alguno, esa nueva oportunidad era bendición suficiente.

-Tiene mi gratitud, Ur -dijo entonces a la par que realizaba una reverencia ante el dios-serpiente-. Le ha dado a este anciano un regalo inigualable.

-Tu alabanza es innecesaria, no tengo interés en ella ni en el destino de los mortales, como lo hacen otros dioses -replicó este-. Mi único propósito es mantener el ciclo de vida y muerte, todo lo demás es incidental.

-Aún así, no puedo evitar sentirme agradecido por ello -insistió Walker-. Lo haya deseado o no, me ha dado más de lo que jamás habría podido desear y está en mi naturaleza el mostrar el debido aprecio por ello.

-Cómo desees -dijo Ur, aparentemente desistiendo en tocar un tema que no parecía importarle realmente-. Sea como sea, este el adiós. En cuanto hayas reencarnado, tu alma pasará a convertirse en parte del sistema de este mundo y su destino será el mismo que el de todas las demás a partir de ese punto. Tu siguiente muerte será la definitiva.

Acompañando esas palabras, todo el cuerpo de Walker comenzó a brillar y una extraña sensación de liviandad lo invadió. Pese a no haberlo experimentado jamás, supuso que así se sentía deshacerse completamente, algo que él debería haber visto con horror pero que ahora aceptaba con mucho gusto.

-Me esforzaré para que nuestro reencuentro sea lejano -exclamó él mientras su cuerpo se desvanecía más y más-. Hasta entonces, le ofrezco mi gratitud una vez más y me despido de usted.

Casi todo su cuerpo ya había desaparecido y pronto comenzó a sentir como su consciencia era transportada a un lugar lejano, aquel en el que él habría de comenzar su nueva vida.

-Los mortales son criaturas de lo más particulares.

Con aquel comentario final por parte de Ur y la imagen de aquella serpiente infinita observándolo, él acabó por desvanecerse.

***

No supo decir cuánto tiempo pasó en aquel extraño estado, existiendo y no existiendo al mismo tiempo, mientras su alma recorría los confines de la realidad; pudo haber sido un mero instante o una eternidad, el mismo concepto del tiempo era ajeno a él en ese estado. Todos sus sentidos habían desaparecido pero al mismo tiempo, de algún modo, era capaz de comprender su estado y el hecho de que lo que quedaba de su alma se encontraba en movimiento, poco a poco cambiando para convertirse en algo nuevo.

Él ya no era Alexander Walker, esa identidad pertenecía al estado anterior de su alma. Ahora, él era algo nuevo, algo distinto y a la par indefinido. Un poeta o un teólogo quizás habrían podido ofrecer una descripción más fantástica y mística de ese estado, pero él no había sido ni una cosa ni la otra, sin mencionar que actualmente no era nada en absoluto.

Ese era un estado de lo más extraño, mucho más que cualquier cosa que hubiese experimentado antes, pero aún así no despertaba en él el menor pánico. Por el contrario, en esos momentos experimentaba una calma y una paz interior incomparables, como si su mismísima esencia se hubiese vuelto una con el universo. Esa era probablemente un tipo de iluminación que ni siquiera el gurú más sabio tendría la posibilidad de experimentar, pero pese a ello él no obtuvo ninguna epifanía de ello ni vio su naturaleza o sus anhelos cambiados. Incluso el encanto de ese trance espiritual no era suficiente como para hacer mella en su ambición, aquel aspecto de su ser en el que ninguna muerte ni transformación podría hacer mella.

De esemodo, él continuó aquel viaje astral hasta que, finalmente, comenzó a sentircomo su mismísima esencia era atraída hacia un punto lejano, aquel en el quehabría de volver a materializarse y dar un nuevo inicio a su historia.

Receive SMS and Send Text Online for free >>

« Previous My Bookmarks Chapters Next»

Novel »
Next  »