Serpiente de la Reencarnación [Spanish] Prólogo

El sonido de la puerta doble abriéndose de forma repentina invadió cada centímetro de aquella lujosa oficina (un amplio espacio ubicado en uno de los pent-houses más codiciados de toda la ciudad), acompañado poco después por el de un cuerpo sin vida cayendo al suelo.

Iluminado por la luz de la luna y sentado tras un escritorio de roble, un hombre claramente entrado en edad y de aire sumamente refinado alzó la mirada de forma casual, como si el cadáver que ahora decoraba su alfombra fuese poco más que un visitante inoportuno. Su expresión no presentó el más mínimo cambio, más allá de mostrar cierta decepción, incluso tras constatar que el fallecido no era otro que su guardaespaldas y sicario personal, fácilmente identificable por su contextura increíblemente fornida, piel oscura, cabeza calva y rostro de matón de mala muerte (lo cual ciertamente era).

-Debo admitir que es un hombre difícil de matar, señor Dalton -comentó, exhalando un suspiro a la par que pasaba una mano por su corta cabellera, originalmente oscura mas teñida de un gris plateado por el paso de los años-. Creí que Richard podría hacer lo que mis otros hombres no consiguieron, pero veo que él también falló-. La mirada de aquel hombre se dirigió al cadáver que yacía no muy lejos de él, aquel que había identificado como "Richard"-. Es una lástima. Era un hombre profesional y leal como ningún otro, pero demasiado sádico para su propio bien.

Tanto sus palabras como sus manierismos rezumaban elegancia y una calma imperturbable, así como una arrogancia sin límites. Estaba claro que aquel hombre se sentía completamente en control de la situación, pese a que todo indicaba lo contrario.

Acompañada por aquel comentario, una nueva figura entró en la habitación. Se trataba de un hombre joven (con suerte superaba los treinta años) y de aspecto algo salvaje, con su cabellera castaña extendiéndose sin señal de haber recibido mucho cuidado y sus ojos brillando con una determinación tan implacable como sanguinaria. Aunque claramente estaba en mejor estado que el hombre al que acababa de abatir, principalmente en virtud de que él seguía respirando y el otro no, su cuerpo presentaba una imagen más que lamentable, no solo por lo evidentemente cansado que estaba sino que por las magulladuras, cortes y heridas similares que lo decoraban.

Aún si el ocupante de esa oficina no hubiese sabido perfectamente quién era, un mero vistazo a su cuerpo malherido y al esfuerzo notable con el que se forzaba a moverse le hubiese permitido comprender que se encontraba frente a un hombre que había recorrido un largo camino a través de un auténtico infierno, todo con el expreso propósito de llegar a donde estaba ahora y encontrarse frente a él en esos momentos.

-Se acabó, Walker -declaró James Dalton, el joven en cuestión, mientras alzaba la pistola y apuntaba directamente a su más odiado enemigo-. Tus matones están muertos y tu imperio del crimen está en ruinas; entrégate y pasa el resto de tu vida pagando por tus crímenes o muere aquí. Lo mismo da, ya no volverás a hacer daño a nadie más.

Ni siquiera el arma de fuego que apuntaba directamente hacia él consiguió perturbar la calma de aquel hombre. No era de extrañar, pues había enfrentado situaciones de esa índole incontables veces a lo largo de las décadas, a medida que construía y expandía su imperio del crimen, el mismo imperio que el joven frente a él había destrozado en cuestión de unos pocos años.

Ese hombre no era otro que Alexander Walker, también conocido como "La Serpiente de los Bajos Fondos", un legendario señor del crimen cuyo poder e influencia se decía que no tenían límite, o al menos así había sido hasta hace muy poco tiempo atrás. Ahora, no era más que un rey sin reino ni súbditos, cosa que no le parecía un problema que no pudiese solucionar. Había recibido un golpe duro y su imperio había colapsado pero Walker tenía la seguridad de que mientras él siguiese con vida, este volvería a alzarse una vez más.

Claro está, antes de centrarse en esas cosas aún tenía que encargarse de un último asunto pendiente.

-La vida está llena de sorpresas, ¿no le parece, señor Dalton? -dijo él, reclinándose en su asiento con la misma tranquilidad que uno mostraría al conversar con un viejo amigo-. Quién diría que la muerte de un solo hombre quince años atrás me saldría tan cara-. Por su tono, estaba claro que Walker no sentía vergüenza o arrepentimiento alguno por el suceso-. No soy una persona que crea en el destino o el karma, por lo que más que lamentar los caprichos de uno o el otro, debería lamentar mi torpeza al no haberme asegurado de que no quedasen testigos, mucho menos familiares de la víctima.

En el tiempo que le había tomado decir aquello, aquel joven ya se había adelantado lo suficiente como para encontrarse justo delante del escritorio, sin que su pistola hubiese dejado de apuntar en ningún momento.

-No fue por culpa de tu torpeza que cometiste ese error fatal, fue por culpa de tu egoísmo y desprecio por la vida de los demás -espetó Dalton, claramente enfurecido por la indiferencia del hombre a quién había guardado el más profundo rencor por más de una década y media-. Nunca te importaron las personas que aplastaste para ascender hasta lo más alto, ni el dolor que le causaste a sus seres queridos. Ni siquiera recordarías al hombre honesto y bondadoso al que asesinaste de no ser por mí.

-Vamos, vamos, está siendo un poco injusto conmigo -replicó él, teniendo incluso la osadía de sonreír como si se encontrase frente a un niño haciendo un berrinche-. Su padre no era ningún inocente, él sabía el riesgo en el que se metía al infiltrarse en mi organización e intentar exponerme y eligió hacerlo de todos modos. No soy tan descarado o hipócrita como para negar que yo fui quién jaló el gatillo y tomó su vida, pero fueron sus decisiones las que lo pusieron en esa situación en primer lugar.

La poca calma que Dalton había conseguido mantener hasta ese momento se esfumó ante esas palabras.

- ¡Él era un hombre de bien! ¡Un hombre gentil y cariñoso que buscaba librar a este mundo de monstruos como tú! ¡No lo hacía por egoísmo o beneficio propio, lo hacía para que otros pudiesen vivir sin temor a ser oprimidos o asesinados! ¡No merecía ese final! -estalló.

La ira del joven incrementaba con cada palabra. Walker no necesitaba valerse de su experiencia "leyendo" a otras personas para comprender que no haría falta mucho más para que pusiese un final letal a esa reunión, pero aún así no cambió su actitud en lo más mínimo. De no haber estado cegado por la ira y la fuerza de sus sentimientos hacia su fallecido padre, aquel joven quizás se habría parado a pensar en el motivo por el que el hombre al que tenía a punta de pistola actuaba de ese modo, pero ese no fue el caso.

-Detalles insignificantes -dijo Walker, desestimando las furiosas palabras de Dalton con un gesto de su mano-. Deshágase de su moralidad vacía, señor Dalton, no tengo interés alguno en ella. Su padre tenía una ambición y la voluntad de alcanzarla y eso le llevó a chocar contra mi propia voluntad; todo lo que importa al final es que él no tuvo suficiente poder como para superarme y eso le costó todo-. Tras un breve silencio, uno en el que dedicó una mirada reflexiva al arma que le apuntaba, Walker sonrió de forma socarrona-. Aunque supongo que ahora los roles están invertidos. Curioso, ¿no es así?-. La mirada del anciano se clavó en la del joven a la par que corría su silla hacia atrás, dejando espacio para poder cruzarse de piernas-. ¿Cómo se siente ser quién tiene el poder y el control? ¿Lo está disfrutando? Seguro que sí. Después de todo, usted y yo somos más parecidos de lo que le gustaría admitir, señor Dalton.

- ¡No nos parecemos en nada! -rugió Dalton. Su furia parecía encontrarse ya en su punto más álgido y él prácticamente ya se encontraba sobre Walker, con sus piernas pegadas al escritorio que los separaba.

-Oh, no, de hecho nos parecemos en mucho, ya sea en la fuerza con la que seguimos nuestros objetivos o los extremos a los que estamos dispuesto a ir con tal de obtener lo que deseamos -dijo el otro hombre, aún sin mostrarse preocupado, mientras acomodaba sus piernas aún cruzadas-. Claro está, con la obvia excepción de que yo me aseguré de que mi ambición fuese una que jamás podrá ser saciada o encontrar su final, lo cual me ha dotado de un propósito por un largo tiempo y ha asegurado que no conozca el aburrimiento, mientras que usted eligió un objetivo con una vida muy corta-. Los ojos de Walker transmitían una mezcla de curiosidad y perversa diversión mientras seguía hablando-. ¿No es por eso que no me disparó en cuanto entró, señor Dalton? De haberlo deseado, podría haber puesto un final a su larga campaña de venganza inmediatamente, pero en cambio yo sigo vivo para decirle estas palabras ¿Acaso saborea el momento de su victoria? ¿O es que desea retrasar el final cuanto le sea posible?

-Basta.

La sonrisa del hombre se ensanchó al notar como la expresión del joven se oscurecía, prueba de que sus palabras exponían algo que seguramente Dalton habría preferido ignorar. No había mejor prueba de ello que el hecho de que no le hubiese disparado para callarlo de una vez, cosa que seguramente hubiese ocurrido si se hubiese limitado a provocarlo. Walker no había soltado comentarios provocadores al azar, había elegido aquellos comentarios que él sabía que golpearían al joven donde más dolía, en aquel lugar de su corazón donde se ocultaban las verdades que uno temía enfrentar, por temor a lo que pudiese ocurrirle si lo hacía.

Esa era otra de sus habilidades, un producto de sus dotes conversacionales y su capacidad de poder exponer el corazón de otros como si de un libro abierto se tratase. Un hombre más decente habría usado ese tipo de habilidad para sanar las heridas emocionales de otras personas y ayudarles a superar sus traumas, pero él prefería explotar ese tipo de debilidades, ya fuese para manipular a prospectivos aliados o para exponer a sus enemigos.

-Dígame, ¿valió la pena? -continuó él como si la otra parte no hubiese dicho nada-. Todo el sufrimiento por el que ha pasado, todas las cosas horribles que ha hecho, todos los amigos y seres queridos que ha perdido en el proceso, ¿realmente valió la pena sacrificarlo todo en pos de su venganza?-. Dalton no respondió-. Espero que así lo sea, porque una vez que me haya asesinado, perderá aquello que lo ha estado moviendo por los últimos quince años, el objetivo al que se entregó completamente y por el que perdió tantas cosas importantes, y entonces se convertirá en un muerto en vida, señor Dalton, desprovisto de propósito, un lugar al que ir o alguien que lo ayude a aliviar el vacío en su alma; despreciado por aquellos que viven sus vidas con sus manos limpias de sangre y temido por las mismas personas que le ayudaron a llegar hasta aquí y que, sin mí, no lo verán como otra cosa que un monstruo que ya no tiene motivo para seguir existiendo en libertad-. Walker abrió sus brazos, casi como si invitase al joven a disparar-. Un final de lo más trágico, ¿no le parece así?

- ¡BASTA!

Dominado finalmente por la furia, Dalton se dispuso a abrir fuego, ya no por mera venganza sino que para acallar las venenosas palabras de aquel anciano antes de que consiguiesen quebrarlo. Más bestia que humano, el joven se convirtió en una auténtica criatura de pura furia asesina y brutalidad.

Ese era precisamente el momento que Walker había estado esperando.

Para cuando Dalton lo vio alzar sus piernas y empujar con fuerza hacia delante, ya era tarde. El escritorio que hasta entonces se había encontrado entre ellos, aquel al que Walker había esperado que el joven se acercase mientras lo distraía con sus palabras, repentinamente fue lanzado hacia delante, directamente contra su enemigo. Tomado por sorpresa, este se vio obligado a echarse hacia atrás y cubrirse con sus manos para evitar ser derribado, distrayéndose por tan solo un par de segundos. No hizo falta más, para cuando ese instante de distracción hubo acabado, Walker ya había extraído una pistola de algún lugar en el interior de su chaqueta y apuntado al joven. Viendo lo que su enemigo se proponía, Dalton se apresuró en alzar su propia pistola una vez más.

Dos disparos sonaron, seguidos del sonido de un quejido agónico y un golpe seco. Luego, por unos pocos segundos, reinó el más absoluto de los silencios.

-Vaya... -dijo entonces Walker, sin disimular su sorpresa, mientras llevaba la mirada a su pecho, donde la camisa blanca que vestía se teñía ahora de rojo, comenzando por la zona debajo de su pectoral. Se encontraba en el suelo, recostando su espalda contra el muro en el que había impactado tras recibir la fuerza de aquel disparo-. Quién diría que...mi edad decidiría hacerse...ver en el...peor momento-. El mero hecho de hablar parecía requerir de un gran esfuerzo por parte de Walker y traerle gran dolor, pero aún así se mostraba determinado a seguir haciéndolo-. Unos pocos años atrás...habría sido...más rápido.

Ciertamente, a eso se reducía el resultado final de ese enfrentamiento. Ambos oponentes habían abierto fuego contra el otro casi en el mismo momento, mas ese "casi" lo cambiaba todo. No había sido por más de unos segundos, pero aún así Dalton había sido más rápido en disparar, o quizás sería más apropiado decir Walker había sido más lento. De haberse encontrado en la flor de su juventud, era seguro decir que él habría acabado con el joven antes de que siquiera tuviese oportunidad de reaccionar, mas el paso de los años había cobrado un precio en sus habilidades y al final había sido incapaz de superar la vitalidad juvenil de su enemigo, incluso tras tomarlo por sorpresa y distraerlo.

Era un resultado bastante triste, mas poco importaban los motivos o las excusas que pudiese poner, pues nada cambiaba el hecho de que había sido derrotado.

Tras décadas construyendo y gobernando el mayor imperio criminal del mundo, una labor a la que se había dedicado con todo su ser, ese era el final de Alexander Walker, derrotado por un enemigo que él mismo había creado y con su imperio reducido a escombros.

Aún así, durante sus últimos momentos él volvió a mostrar aquella sonrisa sardónica, como si se burlase de su propia desgracia, y miró al joven que pronto habría de cobrarse su vida, impasible hasta el final.

-Felicidades...por su...victoria, señor...Dalton -agregó mientras su visión comenzaba a oscurecerse y sentía como todo su cuerpo perdía su fuerza, instándole a cerrar los ojos y entrar en un sueño del que ya no volvería a despertar-. Disfrútela...si es que...aún es capaz...

No supo si Dalton le respondió, apenas consiguió captar el sonido de un golpe seco antes de que sus sentidos le abandonasen completamente.

Mientras la oscuridad lo envolvía completamente, Alexander Walker exhaló su último aliento.

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